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¿Tu empresa puede crecer sin depender de ti?

hace 3 días
4 min de lectura


Por Paula Oyarce.

El crecimiento, a veces depende mucho de la gestión de los dueños. Conoces a los principales clientes. Participas en las negociaciones importantes. Apruebas descuentos, resuelves los problemas complejos y tomas buena parte de las decisiones relevantes. Probablemente tu empresa ha llegado hasta donde está precisamente gracias a ese involucramiento.

Pero a medida que el negocio crece, también aumentan los clientes, las personas, los procesos y las decisiones que hay que tomar. Y aparece una pregunta que no siempre es fácil hacerse:

¿Puede la empresa seguir creciendo si cada vez más cosas necesitan pasar por ti?

Lo que permitió crecer puede empezar a limitar el crecimiento


En las primeras etapas de una empresa, tener al dueño cerca de prácticamente todas las decisiones puede ser una enorme ventaja. Hay velocidad, conocimiento del negocio, cercanía con los clientes y capacidad para reaccionar rápidamente. El desafío aparece cuando la empresa crece, pero la forma de gestionarla sigue siendo prácticamente la misma.


McKinsey plantea precisamente este problema al analizar la transición desde organizaciones lideradas directamente por sus fundadores hacia modelos capaces de escalar. En su estudio señala que el 78% de las empresas analizadas que lograron desarrollar exitosamente un producto y encontrar un mercado no consigue escalar. No necesariamente porque falten oportunidades. Muchas veces, porque la organización que permitió llegar hasta ahí no evolucionó al mismo ritmo que el negocio.


¿Cómo saber si la empresa depende demasiado de sus dueños?

No se trata simplemente de contar cuántas horas trabajan o cuántas decisiones toman.

La pregunta relevante es qué ocurre cuando ellos no están disponibles.

Algunas señales que hemos visto en nuestra experiencia y que pueden resultar familiares:

  • Las decisiones comerciales importantes requieren siempre la aprobación de los dueños.

  • Los principales clientes prefieren hablar directamente con ellos.

  • El equipo tiene experiencia, pero consulta antes de tomar decisiones relevantes.

  • Existe información crítica que conocen algunas personas, pero no está sistematizada.

  • Los problemas complejos terminan escalando rápidamente hacia arriba.

  • Cuando uno de los dueños se ausenta, ciertas decisiones simplemente esperan.

  • A medida que aumentan las ventas, aumenta también su carga de trabajo.


Individualmente, ninguna de estas situaciones necesariamente representa un problema.

Pero cuando varias ocurren simultáneamente, el crecimiento comienza a depender de un recurso especialmente difícil de escalar: el tiempo de los propios dueños.


Delegar no significa perder el control

Una reacción habitual frente a este problema es pensar: “Tenemos que delegar más”. Es cierto, pero delegar por sí solo no es suficiente. Para que otras personas puedan tomar buenas decisiones necesitan saber qué pueden decidir, con qué criterios y utilizando qué información.

Por ejemplo, no basta con decirle a un ejecutivo comercial que puede negociar condiciones con un cliente si cada descuento sigue necesitando aprobación. Una alternativa es establecer rangos de margen, criterios comerciales y niveles claros de autonomía. La diferencia parece pequeña, pero es fundamental.

En el primer caso se delega una tarea. En el segundo, se construye capacidad para tomar decisiones.


Profesionalizar no significa llenar la empresa de procesos

Este es otro riesgo. Cuando una empresa comienza a crecer, puede intentar resolver la dependencia incorporando estructuras, reuniones, reportes y controles.

Pero profesionalizar una empresa no significa necesariamente hacerla más burocrática.

De hecho, una de las fortalezas habituales de las empresas lideradas por sus dueños es precisamente su capacidad para decidir rápidamente.


PwC, en su Encuesta Global de Empresas Familiares, muestra que las estructuras de decisión centralizadas pueden contribuir a esa agilidad. El desafío aparece cuando esa centralización impide que otras personas de la organización puedan actuar.

Por eso, el objetivo no debería ser eliminar la participación del dueño. Debería ser reservarla para aquellas decisiones donde realmente agrega mayor valor.


Un ejercicio simple: revisa tus últimas 20 decisiones

McKinsey propone una pregunta particularmente útil: De las últimas 20 decisiones en las que participaste, ¿cuántas podría haber tomado tu equipo?

Haz el ejercicio. Anota las decisiones relevantes en las que participaste durante las últimas semanas y clasifícalas en tres grupos:

  1. Solo yo podía tomarla. Por su impacto, riesgo o carácter estratégico, requería tu participación.

  2. Podría haberla tomado otra persona con mejores criterios o información.El equipo tiene las capacidades, pero todavía depende de tu validación.

  3. Podría haberla tomado otra persona sin mi participación. Interviniste principalmente porque así funciona actualmente la organización.


El objetivo no es llegar a cero decisiones. Es identificar dónde estás aportando valor y dónde simplemente te has convertido en un paso obligatorio del proceso.


El rol del dueño también tiene que evolucionar

Construir una empresa menos dependiente de sus dueños no significa alejarlos del negocio.

Significa cambiar dónde ponen su tiempo. Menos tiempo resolviendo decisiones que otros podrían tomar. Más tiempo desarrollando oportunidades, construyendo relaciones relevantes, formando al equipo, mirando hacia adelante y tomando aquellas decisiones que realmente pueden cambiar el futuro de la empresa.

Porque llega un momento en que crecer deja de depender solamente de cuánto pueden hacer personalmente los dueños. Empieza a depender de cuánto puede hacer la organización sin necesitar permanentemente de ellos.


En EVANTI ayudamos a las empresas a identificar qué está limitando su crecimiento, definir dónde enfocarse y transformar esas decisiones en un plan concreto de acción.

Porque profesionalizar un negocio no significa hacerlo más complejo. Significa construir las capacidades necesarias para que pueda seguir creciendo.

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