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Cómo mejorar tu empresa cuando el día a día no te deja tiempo para hacerlo

hace 3 días
4 min de lectura

Por Paula Oyarce



Sabemos que hay cosas que mejorar, pero el día a día nos consume. Hay clientes que hace tiempo queremos reactivar. Un proceso comercial que sabemos que podría ser más eficiente. Precios que deberíamos revisar. Un portafolio que ha crecido y sabemos que no es eficiente. Un nuevo canal que queremos desarrollar. Información que tenemos, pero que todavía no estamos utilizando para tomar mejores decisiones.


Sabemos que hay oportunidades. Incluso muchas veces sabemos qué deberíamos hacer. Pero aparece un cliente con un problema, una cotización urgente, alguien del equipo que necesita una respuesta, una reunión que se alarga, el cierre del mes… y nuevamente aquello que queríamos mejorar queda para después.


Hasta que pasan seis meses y seguimos hablando de lo mismo.

No es un problema solo tuyo. La tensión entre gestionar el presente y construir el futuro aparece incluso en las organizaciones más grandes.


Una encuesta de PwC a líderes de operaciones encontró que el 86% considera que las tareas cotidianas que les quitan tiempo para pensar estratégicamente en el largo plazo representan un desafío moderado o significativo para alcanzar sus prioridades.

Y existe otra brecha interesante. En la Encuesta Global de CEO de PwC, los ejecutivos declararon dedicar aproximadamente 53% de su tiempo a gestionar el desempeño actual del negocio y 47% a evolucionar el negocio y su estrategia futura. Cuando les preguntaron cómo les gustaría distribuirlo, la relación prácticamente se invertía: querían dedicar un 57% al futuro.


Es decir, el problema no necesariamente es que no sepamos que debemos mirar hacia adelante. El desafío es generar el espacio para hacerlo.

Y realmente ¿será una falta tiempo? Probablemente sí. Pero esa es solo una parte del problema.

Muchas veces el día a día nos consume porque todo parece importante al mismo tiempo. Tenemos diez proyectos abiertos, cinco oportunidades que queremos explorar y una lista interminable de cosas que deberíamos mejorar. Como no podemos hacerlas todas, avanzamos un poco en cada una o simplemente priorizamos aquello que requiere nuestra atención inmediata. Lo urgente termina ganándole sistemáticamente a lo importante.


BCG plantea algo interesante al analizar procesos de transformación: las organizaciones pueden capturar cerca del 80% del valor concentrándose aproximadamente en el 20% de las iniciativas. No significa que exista una fórmula matemática aplicable a todas las empresas. Sí refuerza una idea fundamental: hacer más no necesariamente genera más resultados. Elegir mejor puede ser mucho más importante.


Entonces, ¿por dónde empezar? Antes de agregar otro proyecto a la lista, vale la pena detenerse y mirar todas esas cosas que sabemos que deberíamos mejorar.

Una forma simple es hacerse tres preguntas:

1. ¿Qué impacto tendría realmente?

Si resolvemos este problema o desarrollamos esta oportunidad, ¿qué podría cambiar? Puede ser crecimiento en ventas, mayor margen, mejores clientes, productividad, menor riesgo o liberar capacidad del equipo. No todas las oportunidades tienen el mismo impacto.


2. ¿Qué pasa si no hacemos nada durante los próximos seis meses?

Esta pregunta ayuda a separar aquello que sería bueno hacer de aquello que realmente necesita nuestra atención. Hay iniciativas que pueden esperar. Otras se vuelven cada vez más costosas mientras las postergamos.


3. ¿Cuál es la primera acción concreta que podemos ejecutar en los próximos 30 días?

“Mejorar nuestra estrategia comercial” difícilmente encontrará espacio entre las urgencias de mañana. “Revisar la rentabilidad de los 20 principales clientes y definir acciones para los cinco menos rentables” es distinto.

Mientras más grande y abstracta sea una iniciativa, más fácil será postergarla. Convertirla en una acción concreta, con responsable y plazo, aumenta significativamente la posibilidad de que ocurra.


Y hay una cuarta pregunta que solemos evitar

4. ¿Qué vamos a dejar de hacer?

Priorizar no es ordenar una lista de veinte iniciativas del 1 al 20 y seguir intentando ejecutarlas todas. Priorizar implica elegir.

Algunas cosas tendremos que hacerlas ahora. Otras podremos planificarlas para después. Algunas podrán delegarse, simplificarse o automatizarse.

Y probablemente haya otras que simplemente deberíamos dejar de hacer.

Porque si seguimos agregando prioridades sin liberar tiempo, personas o recursos, el resultado será bastante predecible: el día a día volverá a ganar.


Un ejercicio simple

Revisa tu agenda de las últimas dos semanas.

¿Cuánto tiempo dedicaste a resolver temas operativos?

¿Y cuánto a trabajar en oportunidades que podrían mejorar significativamente los resultados del negocio durante los próximos seis o doce meses?

Después hazte una última pregunta:

Si mañana tuvieras cuatro horas completamente libres para trabajar en mejorar tu negocio, ¿tendrías claro dónde invertirlas para generar el mayor impacto?

Si la respuesta no es evidente, probablemente el primer desafío no sea encontrar más tiempo. Sea definir mejor dónde enfocarlo.


En EVANTI creemos que mejorar un negocio no necesariamente significa hacer más cosas. Muchas veces significa identificar qué puede generar mayor impacto, decidir qué priorizar y transformar esas decisiones en acciones concretas.

Por eso trabajamos desde el diagnóstico hasta la ejecución: entender dónde están las oportunidades, definir dónde enfocarse y construir un plan de acción que pueda convivir con la realidad del negocio.

Decisiones · Acciones · Resultados

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